Un grito ensordecedor, solo un gran chillido fue todo lo que se escuchó en el camarín de mujeres de la escuela, todo esto fue provocado por un mirón, todo ese escándalo fue provocado por la atenta mirada de Esteban hacia las mujeres que en esos momentos se bañaban.
Esteban siempre había sido un chico retraído, sin muchos amigos, por no aceptar la entristecedora realidad de que él, no tenía. Nunca hablaba más de la cuenta, solo algunos monosílabos en clases para responder a las preguntas de sus profesores, si hubiera que identificar a este adolescente con algún estereotipo de la sociedad juvenil chilena, habría que decir que él era el chico callado, que no le agradaba mucho a las mujeres ya que lo encontraban un poco repugnante, siempre queriendo poder pasarse de listo con alguna y nunca bien aseado. Además con los hombres no le iba mejor, ya que lo encontraban un… comúnmente denominado, perdedor debido a su poca participación dentro de las clases de educación física. También lo consideraban un fracasado por su poca relación con el sexo femenino. Todo esto provocó que a sus 16 años de vida no conociera la palabra amor, tampoco sabía del éxito, ya que no era bueno para ninguna cosa, no tenía algo en lo que fuera más especial que los demás, solo entendía de computadoras y videojuegos. Su existencia estuvo llena de decepciones, pero ninguna de ellas se compara a la que le ocurriría en la primera fiesta que asistió, todos los otros acontecimientos con un final triste dentro de su ya deprimente vida, eran incomparables con el ocurrido ese viernes 14 de Abril, esa fatal noche del fin semana, sería inolvidable.
El rumbo que tomaría ese terrible día partió en la mañana, cuando todo el curso del joven estaba hablando de la gran fiesta que se realizaría esa misma noche en una sede cercana al establecimiento. Esteban decidió ir para lograr cambiar su historia, poder ser aceptado y así salir de la profunda depresión que lo agobiaba. Al caer las 8:00 PM en el reloj que tenía en su pieza, el chico se empezó a preparar para la que el creía, sería su oportunidad de conseguir una vida normal, lo que conllevaría buenos tratos por parte de sus pares, y así continuó con sus actividades, se duchó, se arreglo el cabello, hizo lo que más pudo para causar una buena impresión, pero no fue suficiente.
Al llegar al local señalado, los que allí estaban se sorprendieron de sobremanera cuando lo vieron entrar, nunca creyeron que el chico más solitario de la clase se aparecería por ese lugar, la fiesta había comenzado perfectamente. Al igual que en todos los eventos de masiva concurrencia, habían bebidas, tanto alcohólicas como sin este aditivo. Esteban al no haber probado jamás una de éstas, y al hacerlo por primera vez en ese momento, empezó a sentir de inmediato los efectos de cuatro vasos de cerveza, lo que provocó un cambio en su actitud, causando que solo quisiera molestar a los demás concurrentes del festejo, esto originó un rechazo inmediato por parte de las otras personas, esto mezclado con su aguda depresión y su evidente estado de ebriedad, gatilló a que su cerebro le ordenara beber más y más, sobrepasando los quince vasos de alcohol, después de esto Esteban no reconocía a nadie, no lograba hilar ninguna palabra, solo conseguía mantenerse apenas de pie y sin ningún tipo de conciencia de lo que hacía, empezó a hostigar a las parejas que tranquilamente bailaban al compás de la música, fue así como se topó con Pier, el bravucón de la escuela, él que sin pensarlo dos veces lo tomó y llevó afuera, en donde lo golpeó, descargando toda su ira en su ya demacrada cara. Con cada golpe que Esteban recibía, recuperaba un poco más de conocimiento del asunto, hasta llegar al punto de reconocer a su agresor y sentir la fuerza de sus golpes, sentir que el aire se le escapaba a cada puñetazo, percibir el paralizante dolor, pero aun más tortuoso que esto, poder apreciar las caras de los espectadores de esta masacre, quienes reían y gozaban con la denigrante escena, lo que provocó que su vergüenza llegara al límite, él solo quería que todo terminara, lo único que deseaba era estar en su casa, en la seguridad de su hogar, en ese instante el solo buscaba una escapatoria de ahí, solo anhelaba desaparecer de ese lugar. Cuando la paliza terminó y todas las personas ya estaban adentro otra vez, Esteban quedó solo, tirado en el suelo, sangrando, deshonrado, queriendo esconder la cabeza bajo la tierra, sin nadie que lo ayudara, todo lo que había pasado ayudó, junto con el alcohol y su estado de ánimo, a tomar la última decisión para cambiar el rumbo de su vida.
De fondo sonaba una música lenta dedicada a todas las parejas, fue en ese preciso momento, cuando entró alguien corriendo y gritando: “¡Esteban está en el techo y quiere saltar!”, por esta razón todos los concurrentes salieron a presenciar que ocurría afuera. “¡Los odio a todos!”, fue lo único que el joven alcanzó a decir mientras volaba por los aires, mientras sus ojos se ponían llorosos. Estas palabras resonaron fuerte en las cabezas de todos en ese lugar, ¿habría sido muy difícil simplemente ser un poco más tolerante con él?, ¿Costaba mucho siquiera decirle, hola?, ninguna de esas preguntas servía ya, por que la vida del joven había tenido un final, no feliz, no trágico desde el punto de vista del adolescente, quien ya no tendría que vivir en un infierno, esta historia simplemente obtuvo un final.
A. Rojas.-
Correción: Coty.-
1 comentarios:
Interesante.
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